Assassin’s Creed fue, probablemente, el juego del E3 de 2006. Aquel pase a puerta cerrada sólo para algunos privilegiados de la prensa dejó a todos con la boca abierta. Era sin duda el juego que mejor hablaba de la “next-gen”, tanto por su aspecto gráfico como por los elementos jugables mostrados, que quedaban fuera del alcance de cualquier máquina construida hasta la fecha.
El juego, anunciado originalmente como exclusivo de PS3, pasó finalmente a Xbox 360 y PC, si bien esta última versión saldría más tarde. Desde aquellas primeras imágenes, Assassin’s Creed (AC a partir de ahora) ha generado toneladas de expectación, acrecentadas intencionadamente por su impresionante directora, Jade Raymond. Y como en todos estos juegos llenos de “hype”, habrá que ver si realmente está a la altura de lo que esperamos.
Trepar por lo alto será sencillo, pero igualmente divertido.
El principio del juego es todo un bofetón en la cara del jugador. Tranquilos, no voy a contar ningún spoiler, pero sí anuncio que hay una considerable sorpresa argumental que da mucha personalidad al título y expande su potencial de cara a futuras entregas. Sobre la trama que podemos contar diremos que nos encarnamos en un “Hashashim”, un miembro de una organización religioso- militar islámica enemiga de Los Cruzados, caracterizada por actuar de forma discreta y sigilosa (y por fumar Hachís). El cometido teórico de los Hashashim es el de conseguir la paz eliminando los elementos que impiden que se pueda alcanzar. Así que tendremos que actuar como ninjas, usando el sigilo y el camuflaje como armas principales para llevar a cabo nuestras acciones.
WTF?
Este contexto argumental es el que define la mecánica y la naturaleza del juego. Todo se desarrolla a principios del segundo milenio, en Siria y su entorno, en pleno apogeo de la “invasión” de los cruzados. Y es precisamente la recreación de ese momento histórico lo que más destaca de AC, sobre todo en la espectacular plasmación de las ciudades. No son reproducciones exactas y arqueológicas de las poblaciones, pero recogen a la perfección el estilo y el ambiente de lo que probablemente fuera una ciudad medieval en esa zona del mundo. Las diferencias además entre ciudades de influencia árabe y de influencia cristiana son totalmente evidentes, lo que también habla perfectamente del estado de salud y estilo de vida de cada una de las facciones.
No creo que todos esos guardias vayan a felicitar a Altair por lo blanco que lava su detergente…
Kilómetros y kilómetros de terreno extraordinariamente detallado con el que podemos interactuar de distintas formas y sobre todo, habitados por miles de personajes que no parecen zombies, sino que parecen estar viviendo un día más de sus existencias. Esa sensación de ciudad viva es uno de los mayores logros de AC y probablemente su mayor contribución al mundo del videojuego.
Pero el excelente diseño de las ciudades no se queda en eso. Altair, el protagonista, es pionero de lo que milenios después se haría llamar “parkour”. Es decir, que es un acróbata urbano capaz de escalar cualquier fachada y correr por las azoteas de los edificios que pueblan la ciudad. En un primer momento nos ha parecido que resultaba demasiado sencillo escalar por las torres y paredes, ya que basta con indicar la dirección hacia la que queremos subir mientras ascendemos, pero visto este sistema con perspectiva resulta ideal para poder controlar al protagonista con solvencia mientras huimos o corremos por los tejados de cualquiera de las ciudades donde se desarrolla la aventura. Además subir a todas las torres de la ciudad es un espectáculo y un placer en sí mismo.
También podemos ver en algunas tiendas como en esta Figuras de Assassin’s Creed
Fuente: freeki
